top of page
Arte moderno Argentino en el litoral

Colección San Cristóbal

FUNDACIÓN SAN CRISTÓBAL

En 1963 y en una acción abiertamente pionera para la industria del seguro, San Cristóbal Seguros trascendió los límites de su actividad comercial e impulsó la creación de la Fundación San Cristóbal con el propósito de contribuir activamente con el bienestar de la población. Esta iniciativa formalizó su naturaleza solidaria, definió los ejes de acción y canalizó la vocación de aportar valor.

Entre sus múltiples acciones es propietaria de una extensa colección de obras de artes que puede apreciarse en detalle más abajo.

Hoy con más de 60 años, la Fundación San Cristóbal renueva su compromiso de construir vínculos genuinos y duraderos con el objetivo de impactar positivamente en la comunidad.

Para conocer más ingresar a: https://www.fundacionsc.org.ar/

Colección San Cristóbal

ACERCA DE LA COLECCIÓN

Lorena Mouguelar

En este contexto cultural surgió la Colección de Arte San Cristóbal. La empresa había tenido una presencia activa en la vida social y cultural de la ciudad desde la década del sesenta, en especial a través del auspicio de programas radiales y televisivos (Marini Gesé y otros, 2017). A partir de la remodelación en 1964 del local ubicado en calle Sarmiento 455, el Departamento de Extensión Social y Cultural desarrolló un plan de divulgación artística y cultural a realizarse en las propias instalaciones que contemplaba la organización de conferencias, exposiciones, conciertos, funciones teatrales y proyecciones cinematográficas, todo con entrada gratuita para el público. El nuevo salón de recepción se transformó en un espacio destinado con frecuencia a muestras de pintura, escultura y fotografía, que fue cedido sin cargo alguno para los artistas. Inclusive se analizó la posibilidad de convocar a un Salón Anual para Artistas del Interior del País con el objetivo de estimular la creación artística en nuestro medio, aunque finalmente no llegó a concretarse.

Al año siguiente, en 1965, la sucursal de la ciudad de Santa Fe dio inicio a un calendario de exposiciones de artes plásticas en un salón de la compañía especialmente dedicado a tal fin. Para su coordinación, la subcomisión cultural y social de San Cristóbal contó, al menos en un principio, con el asesoramiento artístico de los pintores santafesinos Matías Molinas y Oscar Esteban Luna y del escultor Miroslav Bardonek. Contacto, órgano de difusión de las actividades sociales y culturales vinculadas a la empresa, destacaba que hacia 1970 en todas las sucursales y agencias de San Cristóbal había una sala destinada a la exhibición de obras. La revista Contacto había comenzado a editarse en Rosario a comienzos de 1964 y circuló con una frecuencia irregular hasta 1972 con el objetivo de establecer una comunicación fluida con sus asociados. En sus primeros números, esta publicación de interés general contó con la dirección editorial y las ilustraciones del reconocido pintor y grabador Ricardo Warecki.

La política de adquisiciones de obras en el seno de la compañía se desplegó con mayor intensidad a principios de la década del setenta y continuó con algunas incorporaciones aisladas a lo largo de los ochenta, coincidiendo con el último período de auge del mercado artístico en Rosario. En 1971, la compañía San Cristóbal adquirió un conjunto de alrededor de treinta obras de creadores locales destinadas a las nuevas oficinas de su casa central. Estas imágenes constituyeron la base de su colección institucional. La aseguradora atravesaba entonces un momento de fuerte expansión financiera y edilicia que culminó con la inauguración del grupo de edificios ubicado en la intersección de calles Italia y San Lorenzo de la ciudad de Rosario.

En un principio las obras tuvieron simplemente el fin de decorar los muros de la empresa, pero sin embargo la selección de firmas no puede deslindarse del fuerte arraigo en la región que la compañía buscó mantener a lo largo de su historia.

Si algo caracterizó a la Colección San Cristóbal fue la elección de diversos autores que habían contribuido al desarrollo del arte moderno en la región y que hacia la década del sesenta contaban con un alto grado de consagración en las instituciones públicas y con una importante presencia en el mercado de arte argentino. Era habitual por esta época que las galerías locales realizaran ferias de fin de año donde presentaban en forma conjunta a los artistas que habían expuesto a lo largo de cada período. Recorriendo las firmas que en 1971 promocionaban distintos espacios de exhibición y venta de Rosario como La sala de la Pequeña Muestra, Carrillo, Krass o Raquel Real, encontramos a todos los autores cuyas obras ingresaron en la primera compra destinada a la casa central de San Cristóbal. Se trataba de figuras muy activas en el espacio artístico y con un considerable nivel de reconocimiento en nuestro país, e inclusive en algunos casos con proyección internacional. Muchos de ellos habían integrado en la década del cincuenta el exitoso Grupo Litoral, pero también había obras de otros artistas de la misma generación que proponían diversas variantes dentro del modernismo estético, así como un conjunto de jóvenes creadores contemporáneos que se habían formado con algunos de ellos.

En 1973, San Cristóbal inauguró un nuevo edificio destinado a su primera sucursal en el interior del país, específicamente en la ciudad de Santa Fe. La apertura de esta oficina administrativa ubicada en avenida Rivadavia 3052/70 fue precedida por la compra de otro grupo significativo de obras donde primó el mismo criterio que en la casa central: una nómina de artistas destacados dentro de la pintura y la gráfica moderna en la ciudad capital. Muchos de ellos habían sido integrantes del Grupo Setúbal, eran docentes de las principales escuelas de arte, provinciales y municipales, o figuraban entre los discípulos más promisorios de las primeras generaciones de creadores santafesinos. De esta manera, la colección se conformó como una selección de firmas de autores argentinos representativas del arte moderno de la zona del Litoral, en un momento en que el vínculo entre una región del país y determinadas producciones culturales formaban parte de las construcciones identitarias a nivel nacional. Tanto desde el ámbito de la literatura como desde la crítica de arte, la referencia al espacio de origen o de pertenencia y la pregunta por su incidencia en las prácticas culturales era recurrente por esa época. Baste mencionar a Fausto Hernández, Mateo Booz, Juan José Saer o José Carlos Gallardo, por citar sólo algunas de las voces más significativas en este sentido.

bottom of page